¿Creía San Atanasio en la Sola Scriptura? La Verdad que el Protestantismo Ignora
Introducción
En el arsenal de la apologética protestante, pocos nombres son blandidos con tanta frecuencia y, a la vez, con tanta imprecisión como el de San Atanasio de Alejandría. Se le presenta como un campeón de la Sola Scriptura, un Padre de la Iglesia que, supuestamente, habría sentado las bases para la doctrina de la "sola Biblia" siglos antes de la Reforma. Pero, ¿es esta una representación fiel del gran defensor de la ortodoxia nicena? ¿O es, más bien, una apropiación indebida de su figura, un intento de secuestrar a un gigante de la fe para legitimar una doctrina ajena a su pensamiento y al de la Iglesia primitiva? En este artículo, desmantelaremos este mito protestante y expondremos la verdadera enseñanza de San Atanasio sobre la Escritura, la Tradición y la Iglesia, demostrando que su testimonio, lejos de apoyar la Sola Scriptura, la refuta de manera contundente.
El Mito de Atanasio y la Sola Scriptura
El argumento protestante se centra, casi exclusivamente, en la famosa Carta Festal 39 de San Atanasio, escrita en el año 367. En ella, el santo obispo de Alejandría enumera los 27 libros del Nuevo Testamento que son "canonizados y transmitidos y creídos como divinos". Para el apologista protestante, esta lista es la prueba irrefutable de que Atanasio creía en un canon cerrado y suficiente en sí mismo, la única fuente de fe y doctrina. Se nos dice que Atanasio, al definir el canon, estaba implícitamente rechazando cualquier otra fuente de autoridad, como la Tradición o el Magisterio de la Iglesia.
Sin embargo, esta interpretación es una caricatura que ignora el contexto histórico y teológico de la Carta Festal. San Atanasio no estaba escribiendo en un vacío. Su propósito no era componer un tratado sistemático sobre la naturaleza de la revelación divina, sino guiar a su grey, advirtiéndoles contra los numerosos escritos apócrifos y heréticos que circulaban en su tiempo. Su intención era eminentemente pastoral: proporcionar una lista de libros seguros y autorizados para la lectura litúrgica y la instrucción catequética. Como él mismo escribe, "para que nadie sea engañado por los apócrifos" (Carta Festal 39).
Además, es crucial notar que la lista de Atanasio, si bien es la primera en coincidir exactamente con el canon del Nuevo Testamento que la Iglesia Católica definiría dogmáticamente más tarde en el Concilio de Trento, no surgió de la nada. Fue el resultado de un largo proceso de discernimiento dentro de la Iglesia, guiado por la Tradición Apostólica. Atanasio no "creó" el canon; reconoció y formalizó lo que la Iglesia, en su vida y en su culto, ya había llegado a aceptar como la Palabra de Dios. Su lista es un testimonio de la Tradición, no un rechazo de ella.
La Escritura en el Pensamiento de Atanasio: Anclada en la Tradición y la Iglesia
Lejos de ser un defensor de la Sola Scriptura, San Atanasio entendía la Biblia como inseparable de la Tradición y de la Iglesia. Para él, la Escritura era el corazón de la fe, pero un corazón que late dentro de un cuerpo vivo, que es la Iglesia. En sus escritos contra los arrianos, Atanasio apela constantemente a la "regla de fe" (regula fidei), la enseñanza apostólica transmitida a través de los obispos en sucesión ininterrumpida. Esta "regla de fe" era la clave para interpretar correctamente las Escrituras y refutar las herejías.
"Pero después de él y con él", escribe Atanasio, "son todos los maestros de la Iglesia, y todos concuerdan, y esto desde el principio hasta el fin del mundo. Porque aunque vivieron en diferentes tiempos, sin embargo, todos tienden al mismo fin, siendo profetas del único Dios, y anunciando la misma Palabra del Señor" (Contra los paganos, 1). Aquí vemos claramente que para Atanasio, la fe no se basa en la interpretación privada de la Biblia, sino en el consenso unánime de los maestros de la Iglesia, arraigado en la Tradición apostólica.
El Catecismo de la Iglesia Católica se hace eco de esta perspectiva, enseñando que "la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin" (CIC 80). La Sola Scriptura, por el contrario, arranca a la Biblia de su suelo natal, la Iglesia, y la convierte en un texto flotante, sujeto a innumerables interpretaciones contradictorias. La historia del protestantismo, con sus miles de denominaciones, es un triste testimonio de las consecuencias de este error.
El Canon Bíblico: Un Acto de la Autoridad de la Iglesia
La misma existencia de un canon bíblico es, en realidad, un argumento demoledor contra la Sola Scriptura. Porque, ¿de dónde hemos recibido el canon? ¿Cómo sabemos qué libros pertenecen a la Biblia y cuáles no? La Biblia no vino con una tabla de contenidos inspirada por Dios. Fue la Iglesia Católica, en los Sínodos de Hipona (393) y Cartago (397 y 419), y finalmente de manera dogmática en el Concilio de Trento, la que definió el canon de las Escrituras. Los protestantes, al aceptar el canon del Nuevo Testamento, están aceptando implícitamente la autoridad de la Iglesia que lo definió. Están sentados en una rama que ellos mismos han cortado.
San Atanasio, con su Carta Festal, fue un instrumento clave en este proceso, pero actuó como un obispo de la Iglesia, en comunión con los demás obispos y en fidelidad a la Tradición. No actuó como un individuo aislado que, por su propio genio, descubrió el canon. Su autoridad provenía de su oficio apostólico, no de su erudición personal. Como afirma el Concilio Vaticano II, "fue la Tradición apostólica la que hizo a la Iglesia discernir qué escritos constituían la lista de los Libros Santos" (Dei Verbum, 8).
Conclusión: San Atanasio, un Católico Fiel
La tentativa de reclutar a San Atanasio para la causa de la Sola Scriptura es un anacronismo histórico y teológico. Revela una profunda incomprensión de su pensamiento y del de la Iglesia primitiva. San Atanasio fue un hombre de la Iglesia, un defensor de la fe apostólica transmitida a través de la Escritura y la Tradición. Su testimonio, lejos de apoyar el principio fundacional del protestantismo, lo socava. Él nos enseña que la Biblia debe ser leída e interpretada en el corazón de la Iglesia, bajo la guía del Magisterio y en continuidad con la Tradición de los Apóstoles. Para San Atanasio, como para la Iglesia Católica de todos los tiempos, la Escritura no está sola. Es la Palabra de Dios viva y eficaz en la Iglesia de Dios viva y eficaz. Una verdad que el protestantismo, para su propio empobrecimiento, ha decidido ignorar.