¿La Biblia de Jesús era Protestante? La Verdad sobre el Canon Bíblico que Muchos Desconocen
En el corazón de muchas disputas entre católicos y protestantes yace una pregunta fundamental pero a menudo ignorada: ¿qué libros pertenecen realmente a la Sagrada Escritura? El cristiano promedio asume que la Biblia que tiene en su mesita de noche es la misma que han usado los cristianos durante dos milenios. Sin embargo, la realidad histórica es mucho más compleja y fascinante. La Biblia protestante moderna contiene 66 libros, mientras que la Biblia católica contiene 73. ¿De dónde viene esta diferencia? ¿Y cuál de las dos versiones se parece más a la "Biblia" que conocieron Jesús y sus Apóstoles? La respuesta, que puede sorprender a muchos, revela una verdad incómoda para el mundo protestante: el canon católico del Antiguo Testamento es, de hecho, el canon de los Apóstoles.
La "Biblioteca" Sagrada en Tiempos de Cristo
Para empezar, es crucial entender que en el siglo I no existía un único libro encuadernado llamado "La Biblia". Lo que existía era una colección de rollos sagrados, escritos en hebreo y arameo, que se leían en las sinagogas. Sin embargo, el mundo en el que vivieron Jesús y los Apóstoles era predominantemente de habla griega, gracias a las conquistas de Alejandro Magno siglos antes. Esto llevó a la creación de una de las obras de traducción más importantes de la historia: la Septuaginta.
La Septuaginta (a menudo abreviada como LXX) fue la traducción de las Escrituras hebreas al griego koiné, realizada por eruditos judíos en Alejandría a partir del siglo III a.C. Esta no era una traducción cualquiera; fue la versión de las Escrituras que la mayoría de los judíos de la diáspora (fuera de Palestina) usaban. Más importante aún, se convirtió en la "Biblia" de la Iglesia primitiva. Cuando los autores del Nuevo Testamento citaban el Antiguo Testamento, ¿de dónde lo hacían? Abrumadoramente, citaban la Septuaginta.
Aquí es donde la cosa se pone interesante. La Septuaginta incluía una serie de libros que no se encontraban en el canon hebreo posterior, que fue finalizado por los rabinos en Jamnia alrededor del año 90 d.C. Estos libros son los que los católicos llamamos deuterocanónicos (que significa "segundo canon") y que los protestantes, siguiendo la decisión de Martín Lutero en el siglo XVI, llaman "apócrifos". Estos incluyen libros como Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico (Sirácida), Baruc, 1 y 2 Macabeos, y partes de Daniel y Ester.
La Septuaginta: El Antiguo Testamento de los Apóstoles
La evidencia de que los Apóstoles usaron y consideraron la Septuaginta como Escritura es innegable. El Nuevo Testamento contiene alrededor de 350 citas del Antiguo Testamento. De estas, aproximadamente 300 provienen directamente de la Septuaginta. En muchos casos, las citas del Nuevo Testamento coinciden con la redacción de la Septuaginta en contra de la del texto hebreo masorético, que es la base de los Antiguos Testamentos protestantes.
Un ejemplo claro es Hebreos 11:35, que habla de mujeres que "recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección". La primera parte de este versículo se refiere a eventos en 1 Reyes 17 y 2 Reyes 4. Sin embargo, la segunda parte, que habla de mártires que murieron esperando una "mejor resurrección", no se encuentra en ninguna parte del Antiguo Testamento protestante. ¿De dónde lo saca el autor de Hebreos? La referencia es inequívoca: se encuentra en 2 Macabeos 7, uno de los libros deuterocanónicos, que narra el martirio de una madre y sus siete hijos.
Este no es un caso aislado. La teología del Nuevo Testamento está impregnada de conceptos y frases de los libros deuterocanónicos. La descripción de la sabiduría en el libro de Sabiduría, por ejemplo, influye claramente en la Cristología de San Pablo y San Juan. Como afirma el erudito protestante J.N.D. Kelly:
"Debe observarse que el Antiguo Testamento admitido como autoritativo en la Iglesia no era el canon hebreo restringido... sino el canon más amplio de Alejandría [la Septuaginta]. En la gran mayoría de los casos, los escritores del Nuevo Testamento citan las Escrituras en la versión de la Septuaginta." [J.N.D. Kelly, Early Christian Doctrines, p. 53]
Jesús mismo, aunque probablemente leía en hebreo en la sinagoga, se comunicaba en arameo y griego, y sus enseñanzas a menudo reflejan la Septuaginta. Cuando los Apóstoles salieron a predicar el Evangelio al mundo grecorromano, la Septuaginta fue su herramienta indispensable. Era, para todos los efectos, su Antiguo Testamento.
La Invención Protestante: Un Canon a la Medida
Si Jesús y los Apóstoles usaron la Septuaginta, ¿por qué las Biblias protestantes de hoy no incluyen los libros deuterocanónicos? La respuesta nos lleva al siglo XVI y a la figura de Martín Lutero. En su afán por reformar la Iglesia, Lutero desarrolló doctrinas como la Sola Scriptura (la Biblia como única fuente de autoridad) y la Sola Fide (justificación solo por la fe).
El problema para Lutero fue que ciertos libros de la Biblia, particularmente los deuterocanónicos, contradecían sus nuevas doctrinas. Por ejemplo, 2 Macabeos 12:46 apoya explícitamente la oración por los difuntos, una práctica ligada a la doctrina del Purgatorio, que Lutero rechazaba. El libro de Tobías y el de Santiago en el Nuevo Testamento (al que Lutero llamó "epístola de paja") enfatizaban la importancia de las obras en la salvación, lo que chocaba con su Sola Fide.
¿Cuál fue la solución de Lutero? En lugar de ajustar su teología a la Biblia, ajustó la Biblia a su teología. Decidió abandonar el canon del Antiguo Testamento que la Iglesia había usado durante 1500 años y adoptar el canon hebreo, que había sido finalizado por los rabinos judíos después de la era cristiana, en parte como una reacción contra el cristianismo. Lutero tomó los siete libros deuterocanónicos y los movió a un apéndice entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, etiquetándolos como "Apócrifos": libros que, según él, "no son considerados iguales a las Sagradas Escrituras, pero son útiles y buenos para leer". Con el tiempo, las imprentas protestantes simplemente dejaron de incluirlos.
Esta fue una decisión radical y sin precedentes. Por primera vez en la historia del cristianismo, un individuo decidió unilateralmente redefinir el canon de las Escrituras. Como lo expresó el historiador protestante Philip Schaff, "la primera objeción dogmática formal a los Apócrifos provino de los reformadores del siglo XVI".
La Tradición Ininterrumpida de la Iglesia Católica
En contraste con la ruptura de Lutero, la Iglesia Católica ha mantenido consistentemente el mismo canon de las Escrituras desde sus inicios. La lista de libros que la Iglesia considera canónicos no fue una invención tardía, sino que fue confirmada en varios sínodos de la Iglesia primitiva.
Los Sínodos de Hipona (393 d.C.) y Cartago (397 y 419 d.C.), con la presencia de San Agustín, afirmaron formalmente el canon de 73 libros, incluyendo los deuterocanónicos, que la Iglesia había estado usando litúrgicamente durante siglos. Estas decisiones fueron enviadas a Roma para su confirmación por el Papa. El Papa Inocencio I en el año 405, en una carta al obispo Exuperio de Toulouse, ratificó esta misma lista de 73 libros.
Cuando el Concilio de Trento en 1546 definió dogmáticamente el canon de la Biblia, no estaba "añadiendo" libros a la Biblia, como a menudo se acusa. Más bien, estaba reafirmando solemnemente e infaliblemente la Tradición constante de la Iglesia desde la era apostólica, en respuesta directa al desafío de los reformadores protestantes. El Concilio declaró:
"Si alguno, empero, no recibiere como sagrados y canónicos estos mismos libros íntegros con todas sus partes, como se han acostumbrado leer en la Iglesia católica, y se contienen en la antigua edición Vulgata latina; y despreciare a sabiendas y con deliberación las mencionadas tradiciones, sea anatema." [Concilio de Trento, Sesión IV]
La Iglesia Católica no "creó" el canon; lo discernió. Guiada por el Espíritu Santo, la Iglesia reconoció qué escritos eran verdaderamente inspirados por Dios y formaban parte del depósito de la fe. Esta autoridad para discernir el canon es una parte esencial del Magisterio que Cristo confió a su Iglesia [Mt 16,18-19; 1 Tim 3,15]. Sin la autoridad de la Iglesia, no tendríamos una forma segura de saber qué libros pertenecen a la Biblia. El propio San Agustín lo expresó de manera sucinta: "No creería en el Evangelio si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia Católica" (Contra Epistolam Manichaei).
Conclusión: ¿Qué Biblia Lees Tú?
La historia del canon bíblico es una poderosa defensa de la autoridad de la Iglesia Católica. La Biblia no cayó del cielo encuadernada en cuero. Fue la Iglesia, a través de un largo proceso de discernimiento guiado por el Espíritu Santo, la que nos dio la Biblia que conocemos. Los Apóstoles y la Iglesia primitiva usaron la Septuaginta, el Antiguo Testamento griego que contenía los libros deuterocanónicos. Este canon fue preservado fielmente por la Iglesia Católica durante 1500 años.
Fue solo en el siglo XVI que Martín Lutero, para justificar sus propias doctrinas, eliminó siete libros completos de la Palabra de Dios. El canon protestante no es el canon original, sino una versión abreviada, un producto de la Reforma. Por lo tanto, cuando un católico lee los libros de Tobías, Sabiduría o Macabeos, no está leyendo "libros extra". Está leyendo la Palabra de Dios que fue eliminada de las Biblias protestantes. Está leyendo el Antiguo Testamento de los Apóstoles. La pregunta para nuestros hermanos separados es simple: ¿por qué aceptar la autoridad de la Iglesia para definir el canon del Nuevo Testamento, pero rechazarla para el Antiguo Testamento, especialmente cuando la evidencia histórica muestra que el canon católico es el original?